lunes, 12 de abril de 2010

EL OLOR DE LA CONFUSIÓN

Me enciendo un cigarro. Bueno, no es exactamente un cigarro.

Inspiro
y saboreo el sabor, exhalo tranquilidad y disfruto del olor que desprende
mientras mi mente se atontona y mis ideas se desperezan. Ideas que tengo, ideas que no debería tener. Pensamientos extraños y más extraños aún los sentimientos que me provocan. Supongo que es algo así como el olor de la confusión, porque confundido me hallo.

Resentido por los errores de antaño, rasco mis cicatrices para comprobar que ya se han cerrado. Sí, lo hicieron, pero al clavarme las uñas sin querer me he vuelto a herir y mientras espero a que sangre esta n
ueva herida, tan parecida a su predecesora, me siento raro, hipnotizado, idiota...

Idiota, idiota de nuevo, como cada vez que despierto. Como cada vez que me duermo. O cada vez que te busco y no te encuentro. En realidad no te busco, simplemente apareces y desapareces. Eres el estribillo de mi canción que, entre estrofa y estrofa me recuerda lo verdaderamente importante.

Alguna
vez coincidiremos en la misma canción.
Cada uno en su estrofa pero formando parte del mismo universo compartiendo una misma historia. Una historia... nuestra historia.

Mirándolo bien, no es necesario imaginar tanto. Tan sólo llevarlo a cabo, que no quede en simple ficción, en simple palabrería. Es sólo hacer real lo irreal, y no es tan difícil...