domingo, 17 de julio de 2016

Cuerpo Nuevo

Extendí el brazo para hacer otro corte. La carne se abrió pero esa herida tampoco sangraba. Abandoné entonces aquel cuerpo y decidí no volver a la vida hasta que ella apareciera ante mi.

Pasaron años, largos, incontables. Fui olvidando poco a poco los recuerdos de las emociones humanas. Me fundí con la roca y esperé día tras día rompiendo el mar que llegaba a la orilla.

El sonido, el olor, el agua convertida en espuma, durante cientos de siglos. Pero la roca también se desgasta. Apuré hasta el momento en que algo me atrajo, en la otra punta del mundo. 

Te sentí llegar aunque aún no habías nacido, pero yo ya no recordaba lo que significaba ser humano. Había olvidado sentir y había olvidado querer. Pero la llamada era clara y algo tenía que hacer.

Encontré un cuerpo muerto, un cuerpo vacío. Un nuevo hogar para una conciencia olvidada que intentaba adaptarse a un nuevo mundo mientras tú aún crecías, ajena a mi.

Cortes en los brazos, que seguían sin sangrar. Quizás me precipité. La vida seguía sin aparecer plenamente.

Pero entonces, un día, una de las heridas emanaba calor. La mirè, ensimismado, hasta que por fín apareció: una gota costrosa de un tono rojo casi negro. Apenas avanzaba, tal era su espesor, hasta que finalmente rompió y brotó de su interior una sangre roja, brillante.

Era la señal que esperaba.

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